Hasta hace poco, Andrés Manuel López Obrador parecía todopoderoso y con él, la 4T. No había como penetrar a la denominada Cuarta Transformación, no tenía boquete, no tenía fisuras. Su discurso a favor de los pobres fortalecía este movimiento. Esa posición robusta era aún más fuerte cuando la oposición carecía de liderazgo y sí se asomaba uno, era alguien que precisamente no representaba a los grupos vulnerables. Seguía la plegaria: Oh Dios todopoderoso.
Ese suprapoder colocaba al presidente de la República en una posición en la que él buscaba no sólo designar al futuro candidato o candidata de su movimiento, sino también definir al aspirante de la oposición. No tenía contrapeso, porque sólo él, es el que atiende al ciudadano, al pueblo sabio, a los poco favorecidos, a los pueblos originarios, a la clase media, a todos los que dependan de él. Incluyendo a las corcholatas, que en medio de la campaña adelantada, buscan demostrar quien complace más a la persona que ocupa el Palacio Nacional.
No importa si apellidos como Sheibaum Pardo, Ebrard Casaubòn, Monreal, López Hernández, salieron del “pueblo”, lo importante es que López Obrador, sí. Pero mientras más se acerque el 2024, esos dos apellidos o el seudónimo “Amlo” va a ser desplazado por los futuros candidatos a la presidencia: el de la 4T y el de la oposición. Luego de seis años en el que el Jefe de Estado acaparó toda la atención, apuntalada cada mañana por tres horas del ejercicio de la mañanera, será un proceso doloroso abandonar ese protagonismo. Ceder el espacio en la conversación pública es un proceso que ataca directamente al corazón de la egolatría que padece todo ser humano, por más poderoso que este sea.
Sin embargo, la aparición casi intempestiva de la senadora Xòtchil Gálvez Ruiz pareciera que trastocó el tablero político. Su raíz indígena es el blanco de los dardos de la 4T. El discurso genuino de la panista no es ensayado, es característico de una persona que conoce las entrañas de la calle, por donde circula el pueblo. Y eso debe ser conocido por los ideólogos de la 4T.
Ese sabor de calle no es manejado con naturalidad por las corcholatas, a excepción del diputado federal Gerardo Fernández Noroña. Por más fútbol que tenga Sheibaum Pardo en sus pies, no transmite la misma picardía de la senadora que llegó al Palacio Nacional en bicicleta a pedir su derecho a réplica, un intento que la hizo ver como víctima ante el poder, un hecho que puede ser cotidiano para el trabajador que se siente pisoteado ante el inclemente patròn de la empresa y por ello, la identificación automática.
Por su parte, Xóchitl, tiene sólo dos interlocutores: el propio presidente y la ex jefa de Gobierno de la Ciudad de México. Mientras crezca la popularidad de la senadora, existe la oportunidad que se volteé la tortilla para la 4T, debido a que la oposición le estaría marcando al candidato o en este caso a la candidata, en detrimento de Marcelo, Ricardo, Miguel, Adán Augusto y el propio Gerardo.
En Yucatán, al ser interrogada Claudia Sheibaum sobre la aspiración de Xóchitl, la morenista no dudò en atacar. “Es el nuevo disfraz, es la simulación, es volver al pasado”, soltó la doctora el pasado comingo. En política se dice que, quien ataca, es el que está en crisis.

