Entre nosotros pueden caminar miles de mujeres, sin saber cuál puede ser la historia de cada una de ellas. Detrás de un rostro puede haber una preocupación, un pendiente, un dolor pero también una historia de valentía, de éxito, de padecimiento, entre otros posibles escenarios. Algunas de ellas muestran sus realidades a través de los gestos pero estos también esconden secretos. En un semblante, se puede proyectar el bosquejo de una sonrisa, la cual puede ser tan poderosa que es capaz de hasta vencer a un temible linfoma. En esa descripción, está Lidia Farfán Pacheco, meridana, yucateca, maestra de Yoga y Chi Kung, además de estar en medio de una batalla en la que le falta poco para alzar los brazos y salir victoriosa por derrotar a un cáncer de mama.
Lidia no para de reír. Cada comentario de sus interlocutores genera una sonrisa que se acerca a la frontera entre un “pelar” de dientes y una carcajada. Sabe muy bien cuál es el tema de la entrevista pero esa conversación no la amedrenta, no se aflige. Parece estar acostumbrada a hablar de eso que lleva adentro que en algún momento pensó que podría atentar contra su vida. Incluso, rememoró que cuando el doctor le confirmó que había un quiste en su seno, le restó importancia y luego emprendió un viaje que tenía pendiente.
Sin perder su semblante de alegría, la conversación no tardó mucho en llegar al momento de la confirmación de la noticia que puede cambiar la vida de cualquier persona y que a un gran porcentaje lo llevan al foso de la depresión: Lidia tenía cáncer de seno. “Justo cuando ya llego del trayecto a la casa es que pude sentarme, respirar mejor y dije pues en ese momento la verdad es que no quería yo todavía decirle nada a mi mamá porque yo pensaba mucho en ella, en la reacción, el golpe que iba a hacer para ella y yo decía, no, -yo tengo que tener el panorama completo de qué opciones tengo”, rememoró esta yucateca, contadora de profesión.

Su primer confidente en medio de esta situación fue un familiar cercano. “Entonces en ese momento se me ocurrió hablarle a una prima hermana y porque realmente somos como hermanas, y apoyarme en ella y le dije: -Oye, me puedes acompañar, necesito ir a visitar a un doctor porque fíjate que tengo cáncer, cáncer de mama”, recuerda sentada en un café en el norte de la capital yucateca. “Ya me acompaña mi prima, ya me presentan el panorama completo y la verdad es que las posibilidades que hay ahora en cuanto a que la medicina ha avanzado muchísimo. El doctor me acuerdo muy bien, que me dijo este tipo de tratamiento es 90 por ciento mental y 10 por ciento la medicina”, recordó.
Esas palabras del galeno quedaron grabadas en la mente de Lidia hasta el sol de hoy. En ese momento se pudo inferir del por qué de su sonrisa constante. Esta contadora asegura que fue su optimismo lo que venció al tumor maligno que se alojó en su seno, y que sólo le falta salir de la etapa de observación para alzar los brazos, como si se tratara de una carismática boxeadora.
Farfán Pacheco recordó que ni siquiera los terribles golpes de la quimioterapia, de la radiación, pudieron borrar su alegre rostro. “Fijate todo lo contrario, la verdad es que la mayoría dicen que es duro, que es difícil y no dudo que para alguien lo sea”, consideró la contadora. “En mi caso, la verdad es que fue bastante leve podría decir que en el tratamiento me fue de maravilla, todas mis terapias, yo siento ahora y creo que gran mayoría se debió por la actitud que yo había decidido”, dijo de forma segura sin temor a equivocarse.
“Yo tomaba este proceso como algo que me iba a hacer bien, o sea, finalmente era mi disposición en ese momento ahí se me había puesto en el camino y debía tomarlo y la verdad es que fue fue un tiempo que que también pude disfrutar en casa, aprovecharlo en tiempo con mamá con mis hermanas”, prosiguió.

El cáncer, como una experiencia positiva
Para Farfán Pacheco, hay un antes y después tras la confirmación del cáncer en aquella visita al doctor. Externa que no tiene miedo en mencionar esa palabra una y otra vez ya que ella es la responsable del cambio de su vida. “Ahora veo más por mí”, dice con vehemencia pero al tiempo aclara que eso no quiere decir que ha dejado de pensar en el prójimo. “Gracias a la providencia divina, gracias a Dios, a todos los estudios y vigilancia médica que hay posterior han salido maravillosamente bien y bueno, pues te diré que cuando empezó mi recuperación, fue cuando empecé a ver el cáncer, no como algo malo en mi vida, o sea, al contrario me ha venido a dejar muchas más mejores cosas de mi vida”, reconoció.

Entre Dios, el espíritu y las energías
En su testimonio, y entre risas también, Farfán Pacheco no se refiere a un posible milagro en su proceso de recuperación. Tampoco, esta experiencia de vida la alejó en su fe católica. sin embargo, no se esconde sólo en ella, sino también habla de la apertura que hubo en su vida en la que se refiere más a un aspecto terrenal que en una injerencia fuera de este mundo.
“Como ocuparme de mí, ver hacia mí, hacia mi interior, el observar cómo me siento emocionalmente con qué me siento bien, me ha traído y dejado también infinidad de de seres que que con los que he compartido, que han puesto su granito y su semilla también de arena de mi proceso, me ha dejado también la oportunidad de ahora sí que de es un renacer para mí”, manifestó en tono reflexivo.
“Fíjate que precisamente de las cosas que me deja el cáncer, es que como parte de la terapia me invitan a practicar yoga”, dicem quien ahora no solo práctica sino que enseña este tipo de rutina de ejercicios y de relajación. “Entre las terapias quedaban ahí ,además de la vía electromagnetismo, se daba el Chi Kung como terapia física como un digamos que sí son medicinas alternativas, son complementos nunca es para suplir la medicina convencional”, explicó.
Amor hacia la nueva vida
La conversación con Lidia no podía ser extensa ya que fue en un intervalo de sus responsabilidades en la oficina que trabaja. Además de ello, en su apretada agenda están las clases de Yoga y Chi Kung. “Como parte de la rehabilitación, pero me empieza a enamorarme todo la filosofía que hay detrás y lo mismo con la práctica del Chi Kung nada más que el Yoga es hindú, el Chi Kung de China, pero al final todas convergen en lo mismo”, agregó.
Lidia, la hija, la hermana, la prima, considera que su nuevo amanecer, su nueva vida, en medio de su señor Dios, del Yoga y del Chi Kung considera que tiene algo que transmitir:”»Cada amanecer tenemos la oportunidad de florecer desde nuestra mejor versión, agradeciendo y honrando todo lo que fue, lo que es y lo que vendrá; para así vivir en plenitud», concluyó.

